sábado, 5 de enero de 2013

PECADO Y PERDÓN


 

Hay un abismo sin fondo entre la soberbia y la humildad. Todo pecado es abominable ante la santidad de Dios, pero la soberbia es, sobre todos, en gran manera inmunda. Es el más aborrecido por Dios. Es pecado irreversible, pues no admite arrepentimiento y, por tanto, redención.

Por ello, Satanás ya no puede librarse de su justa condenación. Ya no hay para él perdón ni esperanza, y su odio orgulloso contra Dios se aumenta más y más de la misma manera que su castigo se apresura.

Dios es amor y perdón. Para todo pecado tiene una expiación, mediante el arrepentimiento y la sangre de su Hijo, pero trae juicios severísimos y casi irreversibles contra la soberbia: esta es el mayor obstáculo para el arrepentimiento y el perdón consiguiente.

El rey profeta David, dice que el Señor sabe nuestra condición falible y débil. Como el Padre se compadece... porque él conoce... se acuerda de que somos polvo. Por ello Dios estableció, en el antiguo pacto, los sacrificios para expiación de los pecados que todo hombre comete... porque no hay hombre que no peque... Todos pecaron...

Dios previó el pecado y la expiación. La sangre hará expiación de la persona. Y... confesará aquello en que pecó. Cualquier pecado confesado con arrepentimiento era expiado, pero en la actitud de total y sincera humillación. Entonces, y sólo entonces, era posible la reconciliación con Dios.

En el libro de Números se dice: Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. (Números 15:30).Estas son palabras mayores.

Se ofende y ultraja la santidad de Dios con la soberbia, y esa persona será cortada de en medio de su pueblo. No se provee expiación sobre tal persona, sino que... por cuanto tuvo en poco la palabra... enteramente será cortada. (Números 30:31).

Para cuantos pecados comete el hombre, hay un arrepentimiento como el primer paso hacia el perdón de los mismos. Pero ¿cómo va a arrepentirse el soberbio? Sólo puede esperar la caída a lo profundo de la condenación.

O, por la misericordia de Dios, la humillación, para que pueda haber arrepentimiento. Sabemos que sólo Cristo es nuestro abogado ante el Padre y nuestro continuo ejemplo. Su sangre derramada nos libra de todo pecado aceptándolo y con arrepentimiento.

Dios ha provisto en abundancia, para remediar nuestras flaquezas y pecados. La concupiscencia propia de nuestra naturaleza caída, nos hace rodar y caer en pecados y trasgresiones. En ellas, reconocemos nuestra depravación e insignificancia; nuestra impotencia. En el reconocimiento y quebrantamiento ante Dios, obtenemos el perdón.

La soberbia no se inclinará jamás, y por ello, no nos permitirá arrepentirnos. Es enfrentamiento descarado y ultrajante contra Dios, blasfemia contra el Espíritu. Y sabemos que la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada jamás. (Marcos 3:29).

AMDG

No hay comentarios:

Publicar un comentario