Hay un abismo sin fondo entre la
soberbia y la humildad. Todo pecado es abominable ante la santidad de Dios, pero la soberbia es, sobre todos, en gran manera inmunda. Es el más aborrecido por Dios. Es pecado irreversible, pues no admite
arrepentimiento y, por tanto, redención.
Por ello, Satanás ya no puede librarse
de su justa condenación. Ya no hay para él perdón ni esperanza,
y su odio orgulloso contra Dios se aumenta más y más de la misma manera que su castigo se apresura.
Dios es amor y perdón.
Para todo pecado tiene una expiación, mediante el arrepentimiento y la sangre
de su Hijo, pero trae juicios severísimos y casi irreversibles contra la
soberbia: esta es el mayor
obstáculo para el arrepentimiento y el perdón consiguiente.
El rey profeta David, dice que el Señor
sabe nuestra condición falible y débil. Como el Padre se compadece...
porque él conoce... se acuerda de que somos polvo. Por ello Dios estableció, en el antiguo
pacto, los sacrificios para expiación de los pecados que todo hombre comete... porque
no hay hombre que no peque... Todos pecaron...
Dios previó el pecado y la expiación. La
sangre hará expiación de la persona. Y... confesará aquello en que pecó. Cualquier pecado confesado con arrepentimiento era expiado, pero en la actitud de
total y sincera humillación. Entonces, y sólo entonces, era posible la
reconciliación con Dios.
En el libro de Números se dice: Mas la persona que hiciere
algo con soberbia,
así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada
de en medio de su pueblo. (Números 15:30).Estas son palabras mayores.
Se ofende y ultraja la santidad de Dios
con la soberbia, y esa persona será cortada de en medio de su pueblo. No se
provee expiación sobre tal persona, sino que... por cuanto tuvo en poco la
palabra... enteramente será cortada. (Números 30:31).
Para cuantos pecados comete el hombre,
hay un arrepentimiento como el primer paso hacia el perdón de los mismos. Pero ¿cómo va a arrepentirse el soberbio? Sólo puede esperar la caída a lo
profundo de la condenación.
O, por la misericordia de Dios, la humillación, para que pueda haber arrepentimiento.
Sabemos que sólo Cristo es nuestro abogado ante el Padre y nuestro continuo ejemplo. Su sangre derramada nos libra de todo pecado aceptándolo y con arrepentimiento.
Dios ha provisto en abundancia, para remediar nuestras flaquezas y pecados. La concupiscencia propia de nuestra naturaleza
caída, nos hace
rodar y caer en pecados y trasgresiones. En ellas, reconocemos nuestra
depravación e insignificancia; nuestra
impotencia. En el
reconocimiento y quebrantamiento
ante Dios, obtenemos
el perdón.
La soberbia no se inclinará jamás, y por
ello, no nos permitirá arrepentirnos. Es enfrentamiento descarado y
ultrajante contra Dios, blasfemia contra el Espíritu. Y sabemos que la
blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada jamás. (Marcos 3:29).
AMDG
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