FE Y CONVIVENCIA
Es cierto que cada uno debe poseer su
propia ética, y ser fiel a ella, sabiendo convivir con personas de distinta
manera de pensar, y diferente escala de valores. Pero reprimir nuestra fe,
pensamiento, y ética de comportamiento, en aras de la cohabitación, no es
humildad; es cobardía.
No lo hicieron así los apóstoles,
después de Pentecostés. No buscaron conflictos, pero tampoco los evadían si la
ocasión se presentaba. Y con gozo. No ocultaron su fe, su esperanza y su modo
de vivir, a fin de no provocar a los que torvamente los observaban.
Hubieran podido “disfrutar” del aprecio del mundo, y evitado cualquier complicación, viviendo como
todos los demás, incrédulos
y paganos. Pero
proclamaron a Jesús como su Señor y su Mesías y, por tanto, los demás
"dioses" quedaron como inevitablemente falsos. Conflictos por aquí,
persecuciones por allá. En definitiva… cristianos, que por cierto siempre han
sido víctimas de persecución.
Fueron, y me atrevo a decir que son, los
mejores hombres y mujeres de su tiempo: benéficos, y leales... Pero eso era
acusador e incómodo para los idólatras, y no hubo compasión para ellos.
Sufrieron atrozmente por causa de su testimonio. Como antes anunció el apóstol
profeta Pablo: Es
necesario que a través de muchas
tribulaciones entremos en el reino de Dios (Hechos 14:22).
No fueron humildes al uso del mundo
donde vivían, y no permitieron que los paganos parangonaran al único Dios con
sus “diosecillos”. Fueron bravos
y humildes, y aceptaron
las consecuencias que su Señor permitió que afrontaran. ¡Ah, los antiguos...! ¡Y no se quejaban tanto! Sabían la grandeza de lo que habían adquirido
y pagaban gustosos su precio.
Ellos, no se andaban con remilgos o
adaptaciones a la filosofía de la sociedad donde vivían. No provocaban y solían
ser prudentes en sus manifestaciones de piedad, aunque su conducta resaltaba
sobre los demás y ello les traía complicaciones, persecuciones, y hasta muertes
crudelísimas.
Actualmente existe un irenismo que no se parece en nada al antiguo erasmismo, pues no se trata de
discutir sobre aspectos o doctrinas religiosas, sino que es un relativismo en el que caben todas las opiniones por muy erradas y perniciosas que sean.
De ahí proviene esa cobardía en la que
nadie quiere definirse como si creer en el bien y en el orden justo fuera algo
detestable y merecedor de tanto desprecio. De ahí, que se desemboque en vivir
una tétrica vida sin esperanza, y tratar de establecerse en un hedonismo que
solo desea la comodidad y el lujo, por cierto inalcanzable para la inmensa
mayoría. Y aquí tiene acomodo esta estrofa de Machado.
La
envidia de la virtud
Hizo a
Caín criminal.
Gloria
a Caín, hoy el vicio
Es lo
que se envidia más.
AMDG
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