domingo, 13 de enero de 2013

FE Y CONVIVENCIA



FE Y CONVIVENCIA

Es cierto que cada uno debe poseer su propia ética, y ser fiel a ella, sabiendo convivir con personas de distinta manera de pensar, y diferente escala de valores. Pero reprimir nuestra fe, pensamiento, y ética de comportamiento, en aras de la cohabitación, no es humildad; es cobardía.

No lo hicieron así los apóstoles, después de Pentecostés. No buscaron conflictos, pero tampoco los evadían si la ocasión se presentaba. Y con gozo. No ocultaron su fe, su esperanza y su modo de vivir, a fin de no provocar a los que torvamente los observaban.

Hubieran podido “disfrutar” del aprecio del mundo, y evitado cualquier complicación, viviendo como todos los demás, incrédulos y paganos. Pero proclamaron a Jesús como su Señor y su Mesías y, por tanto, los demás "dioses" quedaron como inevitablemente falsos. Conflictos por aquí, persecuciones por allá. En definitiva… cristianos, que por cierto siempre han sido víctimas de persecución.

Fueron, y me atrevo a decir que son, los mejores hombres y mujeres de su tiempo: benéficos, y leales... Pero eso era acusador e incómodo para los idólatras, y no hubo compasión para ellos. Sufrieron atrozmente por causa de su testimonio. Como antes anunció el apóstol profeta Pablo: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios  (Hechos 14:22).

No fueron humildes al uso del mundo donde vivían, y no permitieron que los paganos parangonaran al único Dios con sus “diosecillos”. Fueron bravos y humildes, y aceptaron las consecuencias que su Señor permitió que afrontaran. ¡Ah, los antiguos...! ¡Y no se quejaban tanto! Sabían la grandeza de lo que habían adquirido y pagaban gustosos su precio.

Ellos, no se andaban con remilgos o adaptaciones a la filosofía de la sociedad donde vivían. No provocaban y solían ser prudentes en sus manifestaciones de piedad, aunque su conducta resaltaba sobre los demás y ello les traía complicaciones, persecuciones, y hasta muertes crudelísimas.

Actualmente existe un irenismo que no se parece en nada al antiguo erasmismo, pues no se trata de discutir sobre aspectos o doctrinas religiosas, sino que es un relativismo en el que caben todas las opiniones por muy erradas y perniciosas que sean.

De ahí proviene esa cobardía en la que nadie quiere definirse como si creer en el bien y en el orden justo fuera algo detestable y merecedor de tanto desprecio. De ahí, que se desemboque en vivir una tétrica vida sin esperanza, y tratar de establecerse en un hedonismo que solo desea la comodidad y el lujo, por cierto inalcanzable para la inmensa mayoría. Y aquí tiene acomodo esta estrofa de Machado.

La envidia de la virtud
Hizo a Caín criminal.
Gloria a Caín,  hoy el vicio
Es lo que se envidia más.

AMDG

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