sábado, 19 de enero de 2013

GLORIOSO MINISTERIO




Jesús es el Maestro y nos da ejemplo para que aprendamos de El y de su vida, y sigamos sus pisadas de humildad, y su exaltación en gloria. En todo hechos semejantes a El. Nos ofrece la mansedumbre y la humildad, dos virtudes tan despreciadas por el ser humano carnal, pero condición ineludible para que estemos como Él ante el Padre, en condiciones de recibirlo todo.

En las minuciosas instrucciones a sus discípulos, Jesús da prioridad a la humildad, afeando la soberbia y la hipócrita justicia de los escribas y fariseos. Decía: Pero vosotros, no queráis que os llamen rabí, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. Y todos vosotros sois hermanos. Porque el que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Juan)

Cuando lavó los pies a sus discípulos dijo: Vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. (Juan 13) El despreciado pero glorioso ministerio de la toalla y la palangana. Tan glorioso y eficaz que el mismo Señor les dio el ejemplo, y llamó bienaventurado al que supiera e hiciera estas cosas como El las hizo.


En la última cena, también hubo disputa, que Cristo cortó rápida y definitivamente diciendo que el mayor sería el más joven. En aquellos tiempos, la ancianidad era muy respetada. El anciano tenía preeminencia y autoridad ante todos. Sin embargo, el Señor destaca al más joven: el más humilde, el que sirve con su juventud a los más veteranos que dirigen.

Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Notemos que dice entre vosotros, y no sobre vosotros. Y que añade: como el que sirve. ¡Cuando era el divino Maestro! Y podía decirles: Vosotros me llamáis Señor, y decís bien, porque lo soy. (Juan 13:13)

El apóstol Pedro, anciano ya, requiere: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros. Y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad. (1ª Pedro 5:5) ¡Qué diferencia del Pedro humilde, al fogoso y atolondrado Pedro de antes!

Y es que la acción del Espíritu, cuando va dirigida a poner en marcha a una persona (el no hace acepción de personas), modifica el carácter de esta para la tarea a lo que lo lleva inexorablemente por su sola buena voluntad.  ¡Dichoso el que es escogido) 
Pedro, el agresivo, el decidido, el hombre  de iniciativas, activo y valiente según el mundo, se convirtió en el más humilde de los discípulos. Se enganchó en una tarea que de principio y según los módulos de este siglo, estaba condenada a perderse en pocos años, en un remoto y pequeño país, como creencia o cualquier otra quimera, y en cambio se transformó en el árbol de la mostaza que preconizó el mismo Jesús. Pequeña semilla y gran arbusto.

AMDG

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