
Jesús
es el Maestro y nos da ejemplo para que aprendamos de El y de su vida, y
sigamos sus pisadas de humildad, y su exaltación en gloria. En todo hechos
semejantes a El. Nos ofrece la mansedumbre y la humildad, dos virtudes tan
despreciadas por el ser humano carnal, pero condición ineludible para que
estemos como Él ante el Padre, en condiciones de recibirlo todo.
En
las minuciosas instrucciones a sus discípulos, Jesús da prioridad a la
humildad, afeando la soberbia y la hipócrita justicia de los escribas y fariseos.
Decía: Pero vosotros, no queráis que os llamen rabí, porque uno es vuestro
Maestro, el Cristo. Y todos vosotros sois hermanos. Porque el que se enaltece,
será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Juan)
Cuando lavó los pies a sus discípulos dijo: Vosotros también debéis lavaros los pies
los unos a los otros. (Juan 13) El
despreciado pero glorioso ministerio de la toalla y la palangana. Tan glorioso y eficaz
que el mismo Señor les dio el ejemplo, y llamó bienaventurado al que supiera e
hiciera estas cosas como El las hizo.
En
la última cena, también hubo disputa, que Cristo cortó rápida y definitivamente
diciendo que el mayor sería el más joven. En aquellos tiempos, la ancianidad
era muy respetada. El anciano tenía preeminencia y autoridad ante todos. Sin embargo,
el Señor destaca al más joven: el más humilde, el que sirve con su juventud a
los más veteranos que dirigen.
Mas
yo estoy entre vosotros como el que sirve. Notemos que dice entre vosotros, y
no sobre vosotros. Y que añade: como el que sirve. ¡Cuando era el divino
Maestro! Y podía decirles: Vosotros me llamáis Señor, y decís bien, porque lo
soy. (Juan 13:13)
El
apóstol Pedro, anciano ya, requiere:
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros. Y todos sumisos unos a
otros, revestíos de humildad. (1ª Pedro 5:5) ¡Qué diferencia del Pedro humilde, al fogoso y
atolondrado Pedro de antes!
Y es
que la acción del Espíritu, cuando va dirigida a poner en marcha a una persona
(el no hace acepción de personas), modifica el carácter de esta para la tarea a
lo que lo lleva inexorablemente por su sola buena voluntad. ¡Dichoso el que es escogido)
Pedro, el agresivo, el decidido, el hombre de iniciativas, activo y valiente según el
mundo, se convirtió en el más humilde de los discípulos. Se enganchó en una
tarea que de principio y según los módulos de este siglo, estaba condenada a
perderse en pocos años, en un remoto y pequeño país, como creencia o cualquier
otra quimera, y en cambio se transformó en el árbol de la
mostaza que preconizó el mismo Jesús. Pequeña semilla y gran arbusto.
AMDG
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