jueves, 17 de enero de 2013

ES PRECISO QUE ÉL CREZCA Y YO MENGÜE




En el poder de la Palabra y del Espíritu nos será posible conocer que, no siendo nada por nosotros mismos, como el propio Mesías proclamó para sí mismo, no podemos más que mostrar hacia los demás entrañas de compasión, y corazón generoso. 

Nada propio tenemos , y nada propio llevaremos. Sólo lo que Dios construya en nosotros y para nosotros. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (1ªTimoteo 6:8) Esto es la humildad que Jesús enseñó. La necesidad de que Él crezca en nosotros, y nosotros, a su vez, mengüemos para Él. ( Juan 3:30) Este es el camino recto para la humildad en el discípulo. Así lo proclamó el Bautista.

El mundo nos invita a la soberbia, que es su rasgo más destacado, y los subsiguientes. Su forma de pensar es simple. ¿Para qué voy a dar, si nadie me va a recompensar? Y desde su punto de vista este razonamiento es correcto. No creen y por tanto nada esperan sino el mundo (Cosmos) y sus espejuelos engañosos. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1ª Juan 2:17)

Esto nos constriñe a practicar el que debe ser el nuestro: resistir ante la soberbia y control propio. La humildad será nuestro refugio. Jesús será nuestro ejemplo en el monte de la tentación. Acordémonos siempre. Él pudo y no quiso. Nosotros no podemos… y además queremos. Más insensato no se puede ser.


La humildad se puede entender, pero es difícil de practicar. Y así dice Jesús: Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y muy pocos los que dan con ella. (Mateo 7:14) Nos tenemos en verdad, por pecadores y débiles, genéricamente; lo que no soportamos que esa depravación, aceptada por nosotros, se exprese en que nos acusen de un pecado concreto


Queremos ser admirados por nuestra piedad o inteligencia espiritual, y cuando queremos esto es cuando estamos traicionándonos y agraviando a Dios. Muy errados andamos. Solo hay que ver el número de comulgantes que lo hacen sin confesar cuando sabemos que soltamos muchas zorras en la viña del Señor. (Cantares 2:5)


Pero aceptando lo que en sus pensamientos otros puedan opinar de nosotros, podemos ver si somos humildes, que pese a las opiniones positivas-negativas que circulen a nuestro respecto, nuestro corazón delata muchas faltas y pecados nuestros, tal vez más graves y vergonzosos, que no son de dominio público. Así las cosas, esas opiniones todavía nos hacen favor: reconocerlo es humildad.


           Nosotros, cuando buscamos ser encumbrados como buenos creyentes y sabios conocedores, somos soberbios, pues recibimos gloria que no merecemos, siendo conscientes de nuestras flaquezas y culpas. Pretendemos que nuestros méritos sean conocidos, y nos dolemos en las contradicciones. Esto procede de no ser humildes de corazón. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? (Juan 5:44) Dijo a los tales el mismo Jesús.

Ahí hay tarea que hacer. Y no es baldía, sino muy generosa en recompensar al que se aplica a ella.

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