
En el poder de la
Palabra y del Espíritu nos será posible conocer que, no
siendo nada por nosotros mismos, como el propio Mesías proclamó para sí mismo, no podemos más que mostrar hacia los demás entrañas de compasión, y
corazón generoso.
Nada propio tenemos ,
y nada propio llevaremos. Sólo lo que Dios construya en nosotros y para
nosotros. Así
que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (1ªTimoteo 6:8) Esto es la humildad que Jesús enseñó. La
necesidad de que Él crezca
en nosotros, y nosotros,
a su vez, mengüemos para
Él. ( Juan 3:30) Este es el camino recto para la humildad en el discípulo. Así lo proclamó el Bautista.
El mundo nos invita a la soberbia, que
es su rasgo más
destacado, y los subsiguientes.
Su forma de pensar es simple. ¿Para qué voy a dar, si nadie me va a
recompensar? Y desde su punto de vista este razonamiento es correcto. No creen
y por tanto nada esperan sino el mundo (Cosmos) y sus espejuelos engañosos. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios
permanece para siempre. (1ª Juan 2:17)
Esto nos constriñe a practicar el que debe ser el nuestro: resistir ante la soberbia y control propio.
La humildad será
nuestro refugio.
Jesús será nuestro ejemplo en el monte de la tentación. Acordémonos siempre. Él pudo y no quiso. Nosotros no podemos… y además queremos.
Más insensato no se puede ser.
La humildad se puede entender, pero es difícil de practicar. Y así dice Jesús: Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y muy pocos los que dan con ella. (Mateo 7:14) Nos tenemos en verdad, por pecadores y
débiles, genéricamente; lo que no soportamos que esa depravación,
aceptada por nosotros, se exprese en que nos acusen de un pecado concreto.
Queremos ser admirados por nuestra
piedad o inteligencia espiritual, y cuando queremos esto es cuando estamos traicionándonos y agraviando a Dios. Muy errados andamos. Solo hay que ver
el número de comulgantes que lo hacen sin confesar cuando sabemos que soltamos
muchas zorras en la viña del Señor. (Cantares 2:5)
Pero aceptando lo que en sus
pensamientos otros puedan opinar de nosotros, podemos ver si somos humildes, que pese a las opiniones
positivas-negativas que circulen a nuestro respecto, nuestro corazón delata muchas faltas y
pecados nuestros,
tal vez más graves y vergonzosos, que no son de dominio público. Así las cosas,
esas opiniones todavía nos hacen favor: reconocerlo es humildad.
Nosotros, cuando
buscamos ser encumbrados como buenos creyentes y sabios conocedores, somos
soberbios, pues recibimos
gloria que no merecemos,
siendo conscientes de nuestras flaquezas y culpas. Pretendemos que nuestros
méritos sean conocidos, y nos dolemos en las contradicciones. Esto procede de no ser humildes de corazón. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de
los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? (Juan 5:44) Dijo a los tales el mismo Jesús.
Ahí hay tarea que hacer. Y no es baldía,
sino muy generosa en recompensar al que se aplica a ella.
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