sábado, 12 de enero de 2013

EL BUEN CAMINO DE LA HUMILDAD





La "gracia común" hace que todos podamos colaborar a establecer un mundo mejor, ya que, por ahora, no se ha mostrado la voluntad de Dios de establecer su Reino definitivamente. Pero nuestra aportación de discípulos es hacer ver en nosotros al mundo, con todo respeto, que sabemos que la salvación está sólo en Cristosiendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús… (Romanos 3:24)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6). El creyente, en esa convicción, no ha de pasar aprobando lo que es contrario a Dios. El celo espiritual no es contrario a la humildad, sino resultado de ella, de la misma manera que la mansedumbre y la tolerancia sin claudicación, adornan la buena doctrina.

La humildad no puede ser mano de hierro en guante de seda. Es, por el contrario, entrañas de amor, misericordia y verdad. Tan serenas como potentes; tan constantes como vivas. No apariencia externa, sino convicción de que sólo el poder de Dios nos debe mover, según su palabra y acción en nosotros, y nada más.

   Es saber, que nuestra continua debilidad ha de ser continuamente limpiada por la fortaleza y justicia de Jesús, de quien dependemos para todo, y de cuyo perdón continuo hemos de experimentar la humildad, puesto que nuestro ser y vida sólo dependen de El.

Nada propio tenemos, pues todo lo hemos recibido y, por tanto, no es nuestro. Y así dice claramente San Pablo: Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1ª Corintios 4:7).

Esa falta de humildad, nos despoja de todo derecho espiritual, y no nos deja que ascendamos piadosamente, por mucho que nos esforcemos en aparentar una condición cristiana que no se corresponde con la actitud interna.

Esta comezón docta y esta general altivez es general locura del filosofador siglo presente que decían a Fabio. Y como esto es así los chicos hablan a los padres altaneramente, no existe respeto a los ancianos y los escritores cuando escriben, piensan más en el éxito de sus escritos que de fundamentar su verdad.

Afortunadamente, yo no tengo esos pujos y mal que bien digo lo que pienso, porque creo que mis convicciones son buenas y benéficas para todos, y que los preceptos e Jesús que son iluminación para ser mejor persona y ennoblecer la sociedad son los adecuadísimos y no tienen parangón con lo demás.

AMDG     

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