Cuando Dios creó el Universo, se propuso
hacer a la criatura de su creación participante de su sublimidad y dicha así como de su autoridad,
para que ésta se regocijara en una obediencia absoluta, mediante la cual quiso Dios manifestar su sabiduría y gloria, transmitida a esa criatura de su amor.
No le es lícito a la criatura apartarse
de aquella posición de confianza y sometimiento a La Palabra recibida de Dios.
No es independiente, pues Dios nunca abdicó de su autoridad y control. En el
corazón del hombre, Dios fue sustituido por la autoridad de la serpiente, que
intenta tomar el lugar de Dios, y la mentira de Satanás recibió y recibe aun
más crédito que la verdad del Creador.
Las criaturas se separaron de Dios y,
por tanto, se hicieron esclavos de Satanás. Y llenos de vergüenza,
remordimiento y miedo, trataron de vestirse. De ahí el interés del ser humano
por hacer obras, que por si solas le lleven a la reconciliación con el Creador.
Siguieron creyendo la mentira de la serpiente, en lugar de esperar confiando en
la bondad y el perdón de Dios. El hombre se escondió y Dios, fiel y bondadoso,
lo buscó, preguntando: ¿Dónde estás tú? (Génesis 3:9).
Los hijos de Zebedeo pidieron a Jesús
sentarse a su derecha e izquierda en su Reino. A lo que Jesús respondió que
aquello se encontraba "fuera de su jurisdicción". El no era un "Mesías" que se había hecho a
sí mismo, sino que obraba en nombre del Padre: por tanto, no cayó en la maliciosa soberbia de
establecer previsiones ni promesas fuera de la autoridad de Dios, de la que por
amor disponía... y de la que, por amor y respeto, renunciaba. (Mateo 20:20).
Su Padre celestial concedería los
honores según su soberano propósito y con su inmensa justicia y sabiduría. Jesús no entra ni sale en éste asunto,
obrando con perfecta humildad y sujeción al Padre.
Dios es quien sostiene todas las cosas
con la potencia de su Palabra y por quien todas las cosas subsisten. Es Dios,
por consiguiente, quien dispone de todas las atribuciones y derechos, en tanto
que todo proviene de su voluntad y poder, a los cuales tienen que estar sujetos
criaturas y creación.
Si Cristo se sujetó al Padre, ¿qué no
habrá de hacer la criatura, sino lo mismo? ¿Cómo puede el soberbio concebir
otra actitud diferente a la del Hijo, y asumir atribuciones a las que el mismo Hijo renunciaba? ¿Existe o puede existir pecado más
horrendo, contrasentido más insensato? Este es el pecado que cometió Satanás: Su soberbia.
AMDG.
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