Año
1942, Isla de Guadalcanal, en plena guerra mundial. Dos potencias, América y
Japón, se enfrentan en esta perdida isla del Pacífico. Los americanos
desembarcan y los japoneses, apostados y tenaces tras sus fortificaciones se
les enfrentan fanáticamente. La batalla ruge noche y día con terrible pérdidas
por ambas partes.
En el Estado Mayor japonés,
cuyos mandos están acostumbrados a continuos triunfos, reina Ia confusión por
Ia inesperada marcha de Ia campaña. El coronel Kiyono lchiki, hombre valiente y
con notable capacidad y experiencia, no consigue obligar a los americanos a
reembarcarse y abandonar Ia isla, a pesar de su profesionalidad y de los
denodados esfuerzos de sus colaboradores y sus tropas.
Sus hombres perecen a
centenares en el curso de los encarnizados ataques que acometen, pero los
americanos resisten, obstinados y bien pertrechados. ¡lchiki se suicida! Su
honor le obliga ante su fracaso.
En el cuartel general japonés,
cada uno de los generales japoneses expresa su opinión basada en su gran
experiencia desde el comienzo de la, hasta entonces, victoriosa guerra. El
general Kawaguchi lanza una lacónica opinión sobre el fracaso de los denodados
esfuerzos de las tropas japonesas. Se limita a decir: “¡Falta de interés!” Y
esto, a pesar de los fanáticos ataques, y las tremendas bajas sufridas por sus
valientes soldados.
¡Falta de interés!
Esta frase nos puede hacer
pensar a todos sobre Ia situación de los creyentes cristianos en Ia época
actual. No conozco hoy a nadie que, por su fe, haya dado su vida y derramado su
sangre, o que haya hecho esfuerzos tan heroicos y abnegados como aquellos
japoneses que luchaban y morían de buen grado por su patria y su emperador. No
unos pocos japoneses, sino una multitud. Millones de ellos.
Hay toneladas de tinta trazada
en páginas muy eruditas y bien documentadas, que dan toda clase de
explicaciones y dictámenes sobre la situación del cristianismo actual. Los
optimistas creen que hay crecimiento. No vamos a contrariarles; que se molesten
y echen cuentas. Pero mi criterio responde a una diagnosis sencilla y,
lamentablemente, evidente: el denominador común de los males de tantas iglesias
es... ¡Falta de interés!
MUY CIERTO, LOS CRISTIANOS HEMOS CONVERTIDO NUESTRA FE EN SIMPLE RETORICA, DESCUIDANDO QUE ES UNA RELACION CON DIOS, DONDE EL INTERVIENE EN NUESTRO VIVIR SI EN VERDAD LO BUSCAMOS DE TODO CORAZON.
ResponderEliminarDIOS TENGA MISERICORDIA DE NOSOTROS Y NOS ENVIE MUCHOS " valiente japoneses espirituales", para su gloria y honra, amen.